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Hacienda Santa Teresa y Proyecto Alcatraz: Israel, una historia de superación, rugby y libertad

La Hacienda Santa Teresa, empresa de capital venezolano presidida por Alberto Vollmer, le ha cambiado la vida a muchos jóvenes a través del Proyecto Alcatraz y su programa de Rugby Penitenciario, siendo el caso de Israel Armas Toro uno de los más emblemáticos por su particular final feliz.

Israel, en 2010, era un muchacho de 18 años que fue apresado y condenado por un delito que él asegura no haber cometido. Pasó mucho tiempo de penitenciaría en penitenciaría, y su porvenir se estaba tornando oscuro y convirtiéndolo a él en un ser totalmente diferente. Eso, hasta que llegó a su vida el rugby y el Proyecto Alcatraz.

Un entrenador del programa lo vio y, gracias a su físico y características, lo invitó a unirse al mismo. Armas Toro aceptó y muy pronto descubrió las bondades, las pasiones y los dolores del rugby, deporte que se le daba bien pero que perfeccionó gracias a un arduo régimen de entrenamiento en su centro de reclusión.

El rugby entonces le comenzó a cambiar la vida a Israel. Su actitud ante las circunstancias que lo rodeaban empezó a mejorar y valoró más que nunca esta oportunidad que le estaba brindando la Hacienda Santa Teresa y el Proyecto Alcatraz. Llegó rápido a la conclusión de que esta disciplina deportiva le hacía sentir bien, lleno de energía y bondad, y vio por primera vez en mucho tiempo que la unión es más poderosa que la individualidad, que la armonía vale más que la hostilidad.

El cambio positivo operó por completo y todos lo notaron hasta el punto que Luis Moya, Gerente de Operaciones del programa de la Hacienda Santa Teresa, redactó una carta donde constaba el muchacho jugaba rugby y era un deportista con buen comportamiento. Esa misiva fue enviada a la jueza encargada del caso, la cual decidió que Israel debía cumplir los dos años que le quedaban de pena en confinamiento en San Sebastián de los Reyes (Aragua).

Era esa una libertad a medias, sin embargo. Claro, todo llegó a buen término cuando, el 13 de octubre de 2017, llegó finalmente la ansiada carta de libertad absoluta. Todos sus compañeros celebraron por él, un jugador ahora ex reo que, sin embargo, se las apañó para poder jugar en el campeonato carcelario. Ya el resto es historia.

¡Otro Israel!

Me fui de la prisión, pero el rugby y mis amigos se quedaron conmigo”, ha dicho Israel en plena preparación para el torneo. “¡Ya me van a ver! Aquí hay equipos que juegan mejor que nosotros, que tienen más experiencia, pero nosotros nos disfrutamos los partidos y le ponemos corazón. ¿Ves esta vista? Familia, hijos, hermanos, tíos, todos vienen a vernos jugar rugby en esta hacienda”.

¡Esta hacienda! ¡La Hacienda Santa Teresa! Una institución que, gracias al apoyo de su presidente Alberto Vollmer, ha sido capaz de desarrollar una gran iniciativa como el Proyecto Alcatraz, programa que nació en 2003 con el objetivo de reinsertar laboral y socialmente a jóvenes miembros de bandas delictivas del sector El Consejo, estado Aragua, y que luego, en 2013, comenzó a aplicar el llamado Rugby Penitenciario, el cual ha beneficiado a casi 300 reos de ocho recintos penitenciarios del país, siempre enseñándoles a descubrir valores como el respeto y la amistad con la práctica de este deporte.

¿Y qué concluye Israel Armas Toro de todo esto? “Soy otro Israel, y quiero prepararme para ser entrenador de rugby. Quiero hacer con otros lo que el Proyecto Alcatraz hizo por mí. El rugby me dio la libertad. Y la libertad es hermosa”.

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