ArtículoVenezuela

César García Urbano Taylor: Aún nos falta por aprender

El empresario analiza la historia republicana de Venezuela para probar que, como sociedad, aún nos faltan cosas que aprender en pro de lograr un mejor país

“El venezolano debe asimilar la responsabilidad del crecimiento hacia un cambio individual sostenible cuyo propósito sea la madurez colectiva”, con esta frase, César García Urbano Taylor, miembro de la junta directiva de la Corporación Inmobiliaria SMA comienza a analizar la historia venezolana, el torbellino de cambios que hemos vivido como país y, sobre todo, lo que aún nos falta por recorrer. Y todo desde un punto de vista muy humano.

Aquí puedes leer el texto completo.

Venezuela y mi familia

“…El venezolano no va a resolver sus problemas hasta que sane las heridas de resentimientos ancestrales …” – expresaba una grabación de las redes escuchada por mi esposa –. “…La cura es espiritual, desde las familias, para que todos lideremos a Venezuela con unión y no con ideas de dirigentes mesiánicos…” – decía, entre tantos mensajes muy interesantes que, en su lenguaje místico, no dejaban de manifestar la inmensa necesidad de asimilar, desde lo más profundo de la venezolanidad, la responsabilidad del crecimiento hacia un cambio individual sostenible cuyo propósito sea la madurez colectiva.

Desde ésta enigmática perspectiva conecté con pensamientos e investigaciones que he venido haciendo respecto de mis ancestros, sus vidas, tragedias y aciertos; pues, de alguna manera, siento la necesidad de comprender, no sólo la real identidad familiar legada, sino el porqué de ciertos acontecimientos atemporales con características e incuestionables signos distintivos prácticamente idénticos.

Así como los genes dominantes tienen presencia física por generaciones y se tornan en patrones congénitos inconfundibles; también circunstancias específicas se repiten con una espeluznante similitud en el plano inmaterial y vivencial de cada una de nuestras familias y sin duda alguna en la historia de nuestra convulsa sociedad.

Y no me refiero a los sucesos o emociones que invariablemente debemos experimentar como seres humanos tales como el amor, el odio, la pasión, la traición, la tragedia, la pobreza y la prosperidad; la felicidad, la viudez, celebraciones, accidentes, enfermedades, hijos, matrimonios, divorcios, estudios o muertes, entre otros tantos, sino notorias y marcadas realidades cíclicas que, sólo variando en formas, tiempos, colores, lugares y nombres, estoy seguro encierran en sus similitudes información codificada relativa a reflexivas enseñanzas, cuyo principal propósito es el crecimiento para enfrentar y superar nuestras afecciones personales y colectivas.

Lo contrario es definitivamente una visión meramente existencialista y reduccionista del Hombre. Tal y como aceptamos el Darwinismo como una teoría comprobada en lo físico; es, en mi criterio, igualmente aplicable su postulado evolutivo y de adaptación gradual, a planos de consciencia, mentalidad y educación del ser social.

Sé que no existe correlación científica o historiográfica acerca de estas teorías.  Hasta que alguien las estructure y pruebe conectando axiomáticamente ciencia y religión; serán meros significados que algunos suponen ciertos y otros sólo especulaciones sistematizadas.

Sin embargo, en innumerables casos, la evidencia de las coincidencias es irrebatible cuando analizas, observas, sientes y te animas a reflexionar sobre tus predecesores y sus vivencias. Sus experiencias y emociones revelan mensajes implícitos acaecidos aleatoriamente a nuestros padres, hijos, abuelos, tíos, primos o cualquier pariente cercano; como un concluyente y misterioso código familiar propio.

Asimismo sucede con las sociedades cuando, como el caso de Venezuela, los patrones se repiten con claras señales acerca de todo aquello que debemos corregir para progresar sustentablemente; evitando los anacronismos, como el de los últimos veinte años.

La Historia per se es un valioso instrumento para la resolución de nuestros repetitivos conflictos personales y sociales inconclusos. En este sentido, construyendo la comprensión que de mí mismo estoy obligado a hacer; una tarde conversando con mi madre y tíos acerca de memorias familiares, me transporté al Campo de Carabobo.

Independencia de Venezuela

Casi podía cabalgar junto a mi tatara, tatara, tatara abuelo José Antonio Páez Herrera quien, acoplado a sus temidos lanceros como un imbatible tanque de guerra decimonónico, proporcionó a El Libertador el venerado coraje, el sudor inteligente sobre el terreno y la idolatrada representación de su propia leyenda, invaluable para el ánimo de los soldados; todos complementos decisivos para alcanzar la Independencia de Venezuela… Prócer nacionalista y circunstancial líder de la inevitable Cosiata; sin cuya larga dirigencia, la incipiente y anárquica Venezuela postindependentista, no lograría la cohesión que le permitió ser República.

En mi criterio nunca traicionó a Bolívar. Esta noción es tan sólo una muy mezquina y limitada perspectiva de las circunstancias que le correspondió sobrellevar ante la quimera insostenible de la Gran Colombia. Son hombres atrapados en sus causas; sus amnistías, las contradicciones del personalismo y los dolorosos azares de sus objetivos comunes, con las convulsionadas condiciones de sus épocas. No olvidemos eso. No son semidioses.

Mi tío hizo un breve inciso para hablar de otro tatara de esa época, el General José Miguel La Grave Carbajal, quien peleara junto al Mariscal Antonio José de Sucre. Por su valor en la Batalla de Ayacucho recibió la Condecoración de El Sol del Perú. Luchó por la Independencia y luego vivió una vida mas tranquila, asimilando con estoicismo los difíciles cambios de nuestro país. Aceptó el reconocimiento de sus aportes y un retiro sereno.

Luego dimos un salto hacia la Guerra Federal donde otro de mis tatara tatara abuelos, el inquieto General liberal Matías Alfaro, luchara junto al General Jose Tadeo Monagas en contra del también mencionado mas tatara conservador, Jose Antonio Páez H. Ambos adversarios se conocerían poco antes del exilio del Centauro de los Llanos cuando éste lograra apresarlo; absolutamente incautos de la unión familiar de sangre que el futuro les obsequiaría a través de sus nietos, quienes terminarían casados no obstante la sangrienta lucha ideológica de sus abuelos. Páez cumpliría su ciclo de héroe independentista y tres veces presidente y también moriría en el exilio… Tendríamos que analizar porqué muchos de nuestros mas aclamados líderes, mueren en el exilio o fuera del país en los siglos republicanos XIX, XX y XXI. No es casual.

El tatara Matías fue héroe victorioso de la Revolución Azul y de la Federación. Simpatizante de Antonio Guzmán Blanco; luego terminaría preso en La Rotunda y expropiado de todos sus bienes por las diferencias políticas que surgirían entre ellos. Sin embargo, después de años de sangrientos enfrentamientos al sur y oriente del país, sería indultado; retirándose a la ganadería en sus fincas de la Región de Guayana. Murió en 1901 siendo Jefe de las Milicias de Bolívar y Presidente local del Partido Liberal. De nuevo, en ésta etapa de nuestra historia, el inevitable ciclo de confrontación, sufrimiento, amnistía, reconciliación y crecimiento. Guzmán también moriría en el exilio y el traslado de sus restos a Venezuela llevaría un siglo.

La hija del General Alfaro, Dolorita, se casaría con el también General federalista Emilio Antonio Santodomingo, quien fue Gobernador del Estado Monagas. El hijo de estos, Emilio Manuel Santodomingo Alfaro, contrajo nupcias con la bisabuela Inés María Reyes Ruiz, hija del General conservador Etanislao Reyes (hijo de Páez) e inicialmente despreciado por la familia del bisabuelo Santodomingo (nieto de Matías), pues estos eran federalistas y aquellos conservadores.

Ancestros federalistas, godos, militares, civiles; héroes o conspiradores, sosegados o insurgentes… Dependiendo del lado político o sociológico o quizás del tiempo y formas de los reclamos y respuestas sociales; por períodos son prósperos héroes aclamados y también por períodos, villanos repudiados despojados de sus fortunas.

Justo en ese momento seguía pensando en cómo nosotros, los venezolanos, pese al progreso que hayamos podido lograr en muchos aspectos, no hemos sabido liberarnos del atavismo casi psicótico de depender en casi todo de la política, el militarismo heroico, el mesianismo fatuo y la fábula de una salvación sin conocimiento, responsabilidad, ciudadanía y compromiso. Ahora agregamos a nuestro inconsciente colectivo la Salvación por invasión. Como diría Herrera Luque: llegamos a la modernidad sin civilizarnos.

Aterricé de nuevo en los cuentos de la familia y estábamos en la época de El Benemérito. Durante esos años, mi Bisabuelo el Dr. Carlos Urbano Taylor Gil, eminente empresario farmacéutico y publicista, fue falsamente acusado de conspirador antigomecista por un nefasto competidor en Ciudad Bolívar; quien pretendía sustraerle el apetecible papel de imprenta que el Dr. Urbano, en razón de la Primera Guerra Mundial, inteligentemente planificó comprar y almacenar, asegurando así su actividad comercial, pues sabía escasearía.

Preso también en la Rotunda, fue liberado directamente por el General Juan Vicente Gómez al comprobar la falsedad de la acusación; cuyo vil objetivo es el mismo de siempre: un poderoso grupo económico, a través de la politización de situaciones comerciales, pretendiendo apoderarse de lo que no les corresponde… Un vicio social que ha generado también las peores venganzas y el revanchismo que nos ha enfrentado y regresado a épocas que debieron estar superadas.

¿Hemos aprendido lo suficiente?

Me pregunté: – ¿realmente hemos aprendido lo suficiente con todos estos hostiles sucesos de los últimos años como para iniciar el tránsito hacia la verdadera, sostenible y anhelada sociedad que reclamamos…? –  Seremos todavía el “bochinche” que describía Miranda..? O una versión digital de las montoneras postindependentistas..?

Y así aterrizamos mediado el Siglo XX. Los narradores estaban en los albores de la Cuarta República, finales de los 50; hablando de mi tío bisabuelo Emilio Urbano-Taylor y primo Ricardo Domínguez Urbano-Taylor. Ambos de los mas grandes empresarios venezolanos; promotores inmobiliarios y de medios de comunicación de la época como El Heraldo. Fueron protagonistas junto a Werner Heuer Lares, Luisa Heuer Lares de Dominici, Luis Roche y José Loreto y Juan Bernardo Arismendi, en sociedad con Lorenzo Mendoza Fleury;  en el desarrollo de El Conde, La Castellana, el Country Club, Altamira y la Florida, entre otros representativos lugares de la Ciudad de Caracas.

Ricardo sufrió la injusticia del arrebato, también político, de la Hacienda Caricuao y otros terrenos en la Ciudad por decretos de expropiación del Presidente Rómulo Betancourt que, tras la apariencia de Reforma Agraria, fueron confiscaciones partidistas destinadas a la retaliación y al beneficio de otros constructores en el desarrollo de ese Sector, que terminó densamente urbanizado y no con las siembras de alimentos por las que supuestamente le entregaron una suma irrisoria… Asimismo la promoción gubernamental de invasiones en la época, le impidió desarrollar la Zona de Chapellín como un urbanismo planificado; convirtiéndose con los años en un desordenado barrio entre áreas residenciales de la Ciudad.

En ese preciso instante la conversación de súbito culminó, pues debían tocar dolorosos acontecimientos mas recientes sucedidos a mí madre. Isabel Urbano Taylor Santodomingo; primera mujer en ser Procuradora Agraria Nacional, quien durante el Gobierno de Luis Herrera Campins fundara las procuradurías indígenas destinadas a la defensa de los derechos y tierras de quienes son realmente los primeros pobladores de este País, abandonados a lo largo y ancho del territorio nacional. Logró que miles de hectáreas de tierras y espacios acuáticos permanecieran bajo la posesión de sus legítimos dueños; desde donde hoy todavía defienden y honran a Venezuela.

Luego, en el segundo Gobierno de Rafael Caldera, sería también, la primera mujer presidenta del Instituto Agrario Nacional (hoy INTI). En el ejercicio de esta función fue víctima de amenazantes presiones; pues gremios privados interesados en comprar por precios irrisorios inmensas y ricas tierras del Estado, pretendían que miles de familias campesinas e indígenas fuesen desalojadas, con el único objetivo de ampliar sus actividades comerciales, no sólo dañando severamente a miles de venezolanos, sino además pretendiendo pagar valores simbólicos equivalentes a un desfalco a la Nación (entendido por algunos como una “aceptable viveza criolla”).

El Ministro de Agricultura y Cría de ese entonces, desde las ventajas de su cargo y conocido representante de dichos gremios, fabricó tanta tensión política que mi madre se vio obligada a entregar el cargo por razones de seguridad personal; no sin antes informar al Presidente de la República de los ambiciosos y perversos planes de éste grupo y su mandatario. Poco tiempo después, el poderoso ministro gremialista, entregaría inexplicablemente su función sin lograr su objetivo.

Mi madre, silenciosamente y con hidalguía, se enfrentó a un privilegiado grupo, protegiendo así a miles de familias campesinas e indígenas. Ella, como muchos valerosos venezolanos a lo largo de la Historia, hizo su sacrificio personal resguardando a los desposeídos. Además, por permitirle una solución políticamente honorable y correcta al presidente Caldera, no generó escándalos; pero logró su propósito, obteniendo la protección del campesinado y sus tierras. Aparte de los participantes directos, unos pocos testigos y algunos líderes campesinos e indígenas, este suceso que evitaría miles de muertes y uno de los mayores e injustos desalojos hostiles que jamás sucedería en Venezuela, es desconocido.

Ataque mediático

Veinte años después me tocó a mí durante la Intervención Nacional Inmobiliaria de 2011. Debí enfrentar acontecimientos político-comerciales extremadamente convulsos decidiendo, como promotor inmobiliario, por una estrategia de supervivencia corporativa que resultó asertiva. Como es costumbre de los que no logran encantarte con sus mentiras o subyugarte con sus viles trampas; recibí el acostumbrado ataque digital mediático con acusaciones – políticas- sin basamento alguno. Aunque jamás he sido político o he tenido vinculación comercial directa o indirecta con el Gobierno; politizaron mi actividad con los mismos fines de siempre.

Sin duda alguna una muestra mas de nuestra herencia conductual-social. La cómoda costumbre de existir y girar en torno a la política como forma de expiar culpas; minimizar los logros basados en la capacidad, el talento y la preparación o destruir y hacerse de patrimonios ajenos mediante truculentos artificios; pretendiendo reivindicarse a costa de quienes actúan con dignidad.

Siempre la política en el centro, condensando ansias primitivas y revanchas irresolutas. No terminamos de asumir el compromiso real, la educación formal y constante, el valor de la ciudadanía práctica y no meramente enunciativa, como base de nuestros actos tal y como sucede en los países que otorgan a sus habitantes las mejores calidades de vida. Hemos permitido que la Justicia Divina y humana hayan sido sustituidas por académicas y casi artísticas técnicas de autoengaño, que nos otorgan breves momentos de oxigenación hasta derivar en la lapidaria realidad que seguimos renuentes a enfrentar.

Es innegable el terrible patrón epidémico en el que estamos inmersos. Ciclos que debemos hacer el esfuerzo por superar todos los venezolanos. El efecto fanático, permisivo y desproporcional de la política en nuestras vidas como razón, propósito, estrategia, fundamento y estigma, debe ser superado. Los políticos no son semidioses que vienen a salvarnos de la crudeza del presente e incertidumbre del futuro; ni la política es el fundamento de la vida.

Actualmente el desespero, la crisis y el sufrimiento son tan intensos, que el grado de sensibilidad en el que estamos nos puede llevar a seguir inmersos en la misma ceguera, repitiendo los errores o podemos aprovechar la oportunidad para crecer, reflexionar para evolucionar socialmente, liberándonos de ésta euforia que nos mina y desgasta constantemente. De no hacerlo, aunque nos liberen mil veces desde Brasil, Colombia, Estados Unidos, la Unión Europea o la Comunidad Internacional en pleno, a través de campañas admirables versionadas; no lograremos la consistencia social requerida para construir un verdadero, sustentable y sostenible estado de derecho, cimentado en la comprensión equilibrada del verdadero significado de la ciudadanía, desde donde cada derecho exigido con frenesí, debe estar cimentado sobre el ejercicio auténtico y responsable del deber que le da soporte.

Dios, nuestro salvador

La única familia que es Venezuela, y la particular venezolanidad de sus miembros, debe orientar su fe y expectativas en un objetivo basado en Dios, como único Libertador y Salvador. Tenemos el compromiso individual de corregir nuestras perniciosas afecciones desordenadas con el objeto de evitar que bolivarianos, paecistas, centralistas, federalistas, militaristas, civilistas, adecos, copeyanos, chavistas o el “ista” que venga; las utilicen en favor de sus proyectos personalistas, como ha sucedido por doscientos años. Debemos subsanar nuestras carencias individuales y colectivas.

Sabemos que desde el dolor y el sufrimiento es difícil asimilar el proceso de cambio. Sin embargo, no podemos entregar nuestro futuro a quienes son evidentemente expertos en la expresión de las mentiras que queremos creer. A quien se oferta, sin ser Cristo, como redentor de nuestras culpas y resolutor del futuro. Debemos asumir que elegimos seres humanos como administradores públicos y no protectores elevados a deidades que un día llegan para resolverlo todo y sino lo hacen, los odiamos con desdén autodestructivo.

Nadie nos va a liberar de ese compromiso personal de aprendizaje invadiendo nuestro destino. Si postergamos la resolución de nuestros propios conflictos, aparecerán pronto de nuevo; como la historia ha demostrado.

Buscando respuestas en el pasado de mi familia, las fui encontrando en un sentido todavía mas amplio; entendiendo mucho de nuestra ceguera, nuestra agitación política constante y el consecuente desvarío con el que muchas veces decidimos todos los venezolanos, trayendo consigo sucesos tan perturbadores, como complejos de resolver o corregir incluso a través del tiempo y el olvido.

Por tales razones veamos en este momento la posibilidad, la bendición que Dios nos envía de enmendar, desde la familia nuclear hasta la gran familia que es Venezuela, nuestro rumbo como sociedad; siendo todos responsables, comprometidos y solidarios en la asunción consciente y constante del sacrificio que esto implica, sin delirios coléricos o ideas de admirables intervenciones destinadas a suplantarnos en el protagonismo de nuestro propio desarrollo.

Etiquetas